jueves 8 de octubre de 2009

Definitivamente algo se quebró. Alguien barajó y volvió a dar. Dijo: ¡Basta, hasta acá!, y con un tipo de cartas distintas nos obligó a jugar el mismo juego. Para evidenciar la fractura. La incompatibilidad. El frágil desequilibrio; desproporción de esos cuerpos que con sus fuerzas encontradas se compensaban destruyéndose mutuamente. Bonita fricción, contrapeso viable. Por eso, quedó en evidencia que no se trató simplemente de la Guerra, porque en la contienda hay que atacar con las mismas armas. Saber manejar los tiempos para no quemar las naves. Aunque ya están quemados varios galeones, de eso estoy seguro. Como también que no se trató del Truco. A saber, no hay guiños de ojo ni besos de por medio. Sin señas no hay juego. Descarté entonces el Poliladron, el Tute, además la Canasta, el Bridge y la Escoba de quince. A un costado quedaban anotados en una lista el Desconfío y el Solitario, máximos pecadores del futuro y del pasado. Al revés se lee simple. Claro, cruzados. Lo demás está sobre entendido, queda en nosotros seguir jugando...

1 comentarios:

Mariana dijo...

¡Qué decir!

Estás retando a alguien y eso está muy bien. Qué sutil y agresivo a la vez.

¡Hermoso!